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miércoles, 9 de octubre de 2019

Recorrido a Sogay


Uno de los valles más hermosos de Arequipa es el que alberga a pueblos como Yarabamba, Quequeña y Sogay. Aguas arriba del valle se encuentra un cañón donde se pueden encontrar unas cataratas y lagunas pequeñas pero muy interesantes.
Para llegar a este lugar nos dirigimos en transporte público hasta el pueblo de Quequeña. Su plaza es como la de casi todos los antiguos pueblos de Arequipa, llena de árboles y con una iglesia de la época de la colonia en uno de sus lados.
A partir de esta plaza iniciamos nuestra caminata, por la margen derecha del río Sogay. En unos 30 minutos, y luego de cruzar el río hacia la margen izquierda,  llegamos hasta el pueblo de Sogay, que también tiene una plaza e iglesia, pero bastante más pequeñas que las anteriores. Nunca se ve gente en las calles de Sogay, parece un pueblo fantasma, será porque todos están en el campo, trabajando.


Seguimos caminando por el valle aproximadamente una hora, primero casi al nivel del río, pero luego ascendemos para encontrar terreno más adecuado. La vista desde esas alturas es impresionante. Luego de caminar un momento por lo alto del valle, este va desapareciendo, dejando paso al cañón. Simultaneamente vamos bajando hasta llegar a una pequeña playa a orillas del río. Volvemos a cruzar a la margen derecha y nos disponemos a iniciar el ascenso hacia las cataratas.
Toma aproximadamente media hora llegar hasta la última catarata accesible. Más arriba hay otras, pero serán visitadas en una próxima caminata. Mientras tanto vamos subiendo por terreno aveces un poco complicado, pero esta dificultad se ve compensada por la vista, y sobre todo por el ruido del agua cayendo entre las rocas.
El último ascenso es algo complicado. Hay que recurrir mucho a la solidaridad para que los más diestros o fuertes ayuden a los otros, especialmente a las chicas.  Requiere caminar por una pared con un ángulo bastante pronunciado, llena de cáctus y subidas complicadas. Pero llegamos y es momento de reposar, tomar fotos y tomar líquido para reponer fuerzas.
El ruido del agua es muy tranquilizador, a mí me provoca quedarme muchas horas en ese lugar, espero que sea igual para todos los caminantes. Por las caras se nota que disfrutan del lugar, que se alegran de haberse esforzado por llegar. Es uno de tantos lugares que existen en Arequipa, que no podemos disfrutar todos los días, sin embargo, con un poco de entusiasmo y esfuerzo lo tenemos al alcance.


Llega el momento en que tenemos que regresar. Siempre la bajada suele ser un poco más complicada que la subida, por lo tanto debe hacerse con mayor cuidado. Si bien la actividad del caminante implica alejarse de las tensiones, hay momentos en que se requiere la máxima concentración para mantener alejados a los accidentes.
Podría pensarse que hacer el mismo camino de regreso resulta aburrido, pero no es así. La perpectiva es completamente diferente, si primero se mira hacia arriba luego se mira hacia abajo. Si primero se mira hacia el norte luego se mira hacia el sur. Siempre la vista será diferente, incluso la luz será distinta pues el paso de las horas hace que el sol esté en angulos diferentes.
Si el caminante da rienda suelta a su sensibilidad nunca le parecerá que hace un camino de ida y vuelta. Parecerá un camino redondo pues esa sensibilidad le permitirá descubrir siempre algo nuevo.
Poco a poco vamos dejando el cañón para entrar en el valle, y luego de pasar por el pueblo de Sogay llegamos nuevamente a Quequeña, donde comenzó el camino en la mañana. Fácilmente conseguimos un vehículo que nos transporta hasta la ciudad.

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